Existen infinitos destellos en el cielo, pero besar su vientre es lo que anhelo.
No está a millones de galaxias, se encuentra a una mirada profunda y a cuatro tercios de mis dedos.
Titila su piel, como una estrella fugaz a punto de estallar…
Pediré un deseo: consumirme entre sus besos.
Besos hechos de hidrógeno y un poco de helio.
Satisfactorio es reírnos en medio del fuego.
Ardiendo lento mientras susurra sus sentimientos,
gemidos emanados hacia el universo,
encapsulados entre nuestros cuerpos.
Ya se cumplió mi deseo: tener a la Diosa entre las sábanas y mi cuerpo,
descubriendo lo que sucede si agitas una estrella,
si la excitas hasta que su temperatura se vuelva tan elevada
que te consumas en un intento por arder en ese precioso cuerpo.
Son tantos los detalles que describen su ubicación estelar,
pido entonces la clemencia de, en mi humano ser,
hacerle el amor como lo exige su astronómica piel.
¿Una estrella también puede hacer una petición?
Por supuesto...
Correrte, temblar y mojarte ya fueron concedidos.