¿Cómo empieza la receta perfecta?
Primero debes escoger los ingredientes correctos un poco de picardía, mucha sensualidad y altas dosis de sapiencia.
Ingredientes sumamente costosos, pero que valen la pena para todo paladar dispuesto a devorar un delicioso pedacito de este universo con forma de mujer.
Una piel que es la suma total del fruto bendito de esculpirse rico, de pies a cabeza. Y escupirle también…
alimentando el alma, el cuerpo y la mente con los nutrientes que una felina tan flexible requieren.
Empezamos por la mirada, esa condenada apertura, por ella han ardido ciudadelas hasta los cimientos.
Quiero ver arderla a ella, a fuego lento, tan lento que primero sude y luego se adore en las brasas de mis juegos su meticuloso cuerpo.
Con cada cosita en el lugar perfecto.
Se viene el avance, y la mirada lleva a los besos.
No sin antes sincronizar previos alientos, emanados muy lento.
Se va quedando poquito a poco sin aliento, por aquellos lentos sonidos de dos apasionados en pleno dulce apojeo.
Es concebir su cuello con mis manos, al ritmo en que me atacan sus labios apasionados y violentos, sumando lamidas intensas al momento.
Violentos de pasión, de por fin tocar y comer lo que solo pensaba, y cuyo nombre gemía hasta mas no poder.
Un buen cocinero, mide todo, mezcla lento, así de lento, fui a avanzando al sur de su cuello.
El horno comenzaba a precalentarse, aún así puse las copas a medio beber al otro lado, para alzarla por sus caderas y montarla encima del mesón y observar juntos como la temperatura se encargaba de cocinarlo todo a perfecta cocción.
Aun con todos sus accesorios y adornos, esos colores de romance oscuro, que hacían cruzar sus esbeltas piernas, detrás de mis glúteos.
Encajando como un puzzle de 10.000 piezas, donde ella y su cuerpo sencillamente se volvieron el epicentro de mi hambre sobre esa mesa.
Comencé a abrir su vestido desde el cuello, su piel me entregó entonces, el primer indicio de un perfecto augurio, un mandala dibujado en el centro de su esternón, sublime y suave textura de piel alla donde clavé los primeros besos, sin prisas.
Pero con risas y cosquillas, que la llevaban como el fuego a apretarme del cabello y calentarme con besos, arrastrándome sus dedos.
Habían mas rastros de arte por aquellas manos, entre aquellos trascendentes senos y cosenos.
Las yemas de mis dedos, transitaban por los poros de su exaltado templo.
Escuchaba los gemidos guturales, emergiendo de su centro, y en su monte Venus mi piel apretada, golpeteaba a la entrada de su lugar de deseo ferviente.
Basto lamerla indecentemente, para que me mordiera la oreja y susurrara en mi mente.
—ME PONES TAN CALIENTE.
Allí mismo deje de ser inocente, le estruje las mejillas para sumergir mi lengua al borde de su boquita.
Mientras mis manos danzaban al borde del infierno emergiendo de sus zonas mas suavecitas.
Casi se quemaron sus ropas, desaparecieron fervientemente, quedando su lencería solamente, arrodillarla o arrodillarme, un asunto difícil de resolver.
Obté por girarle de frente al mesón, fusionar su espalda desnuda a mi pecho, poner su ridilla derecha sobre aquella sobremesa, inclinarme para respirar fuego en sus nalgas de azúcar y miel.
Bajar deslizándomela con la lengua por todo lo rico y esférico que sus nalgas eran.
Me perdi lento, en descenso, sin vértigo.
Sacudi la palma de mi mano como una tormenta azotando a nalgadas esa fiera.
Que como gatita gemia con cada caricia de bestia.
Amplitud, fue abrir esa puerta y lamer el epicentro de todo su sistema nervioso sensorial, caliente y personal. Si mano apretándome detrás de mi cabeza con fuerza contra sus nalgas me afirmaba que estaba haciendo todo mi trabajo bien.
Así gimio poco a poco con gusto, mientras se hacia muy lento que fuese a llegar un amanecer.
Escurria un diluvio entre esas largas piernas, agitadas por mi tempestad.
No me da miedo pensar, que tiempo hubo de mas, porque mas placer era mi delirio, eso es verdad.
Nada necesité apresurar, con aquellas canciones de su boca, proclamandome ardiendo dentro y fuera de su boca.
Al estallar, se giró con fuerza y vino a ayudar.
Me empujo desde el pecho contra la nevera, arrastró sus dedos como cerillos que quieren encender una vela, y aunque no habia llegado su cumpleaños.
Juiciosa, se arrodillo sin quitarme la mirada a soplar mi vela y a chupar.
Bendito labios sadicos de dulce malestar.
Se incorporaron en la punta de mi punta, y comenzaron a viajar, dentro y fuera de su boca exquisita y descomunal.
Pfffff, tiemblo de solo pensar.
Era armonioso, sus labios carnosos humedecían todo poco a poco, como no sentir ese girar de su lengua dentro, mientras sus labios se dedicaban a fundirme y fundirse, se sentía como una misteriosa filosofía, como un como es arriba es abajo, y podía apreciarlo sin dudar, verla sonreírme con sus ojitos de cristal.
Sin maullar, obligada a gemir ahogada en mi manjar.
Y mis manos, venosas, texturizadas y deseosas, sujetando su cabello y acomodando su postura para que lo siguiera haciendo asi de rico, como mi puta Diosa.